- La empresa enfila los últimos meses de construcción de su primer parque galo y comienza a instalar el segundo, ambos con participación de Navantia
Hace un día espléndido a primeras horas de la tarde de este septiembre en el Pointe de la Fosse, en la francesa Île de Noirmoutier, al oeste del país. Tanto, que permite contemplar desde tierra, a 16 kilómetros aguas adentro, algunos aerogeneradores del que será el primer parque de eólica marina de Ocean Winds —empresa participada a partes iguales por la francesa Engie y la portuguesa EDP Renovables— en Francia. El recinto, de 488 megavatios de potencia, está enclavado en la costa atlántica gala, en donde ya desarrolla los trabajos de construcción de su segunda instalación energética marina, en el que el naval gallego deja su impronta. De hecho, la pasada semana se instaló la primera jacket —estructura de acero de varias patas que sustentan los aerogeneradores en el mar— producida por Navantia y Windar Renovables, junto con su red de compañías auxiliares, en el astillero de Fene.
El parque de Noirmoutier marca el camino para el de Dieppe Le-Tréport, que prácticamente replica sus plazos, con un año de retardo. El primero, más cercano a la ciudad de Nantes —que llegó a contar con una próspera industria naval—, supera ya los 35 de sus 61 aerogeneradores instalados, 25 de los cuales están enviando electricidad a la red. La compañía energética prevé culminarlo cuando finalice el presente año. El segundo, a 560 kilómetros más al norte, empezará a operar a finales del 2026, si las condiciones meteorológicas, que marcan el paso en este tipo de proyectos, así lo permiten.
La coincidencia de los dos proyectos en ejecución —en ambos participa Navantia, ya que para el de Éoliennes en Mer Îles d´Yeu et de Noirmoutier (EMYN) construyó la subestación— se debe a que, el desarrollo regulatorio de la eólica marina en el país galo presenta plazos muy dilatados. Ambos planes formaron parte de un paquete de seis que fueron adjudicados en un período de dos años por el Gobierno de Emmanuel Macron.
Las previsiones del Gobierno francés apuntaban al reto de lograr que, en el 2050, uno de cada cuatro gigavatios de electricidad generados en su territorio proceda de parques de eólica marina, pero los cambios políticos experimentados en las últimas semanas arrojan incertidumbre sobre el futuro de una industria que precisa sobre todo de certezas, ya que los proyectos requieren de inversiones multimillonarias. «Es un momento muy inestable», admite el director general de la empresa en Francia, Marc Hirt, a bordo de la lancha que se dirige al parque EMYN y desde que se aprecian los trabajos de instalación de las turbinas sobre los monopilotes.
Pese al complejo entorno, Ocean Winds sigue siendo uno de los operadores con voz propia en el país galo —también en Portugal, en donde cuenta con un parque flotante frente a las costas de Viana do Castelo—, en cuyas aguas también desarrolla un pequeño parque flotante de 30 megavatios de potencia. Y el objetivo de la empresa es seguir creciendo en el sector. «Para nosotros es importante participar en la transición energética en Francia. Hay países que están desacelerando, pero en Francia el 60 % de la energía producida todavía tiene origen fósil», añade Hirt.
Mientras en España sigue sin aprobarse la orden que regirá las condiciones de la primera subasta de eólica marina, Ocean Winds mantiene su apuesta por el territorio vecino. Y cuenta con algunos incentivos, porque en los concursos actuales, aquellas empresas que han ganado adjudicaciones en un área tienen ventajas para hacerse con los segundos desarrollos.
Convivencia con la pesca
Los proyectos de eólica marina son un reto, tanto por las condiciones meteorológicas a las que tienen que hacer frente los trabajadores en alta mar como por la oposición que suelen suscitar entre el sector pesquero. «Tanto el diseño como la forma de disponer las turbinas lo hemos hecho en diálogo con la pesca», explicó Hirt. Una estrategia, junto a la de las compensaciones al sector —obligadas por la normativa del país— que no funciona igual en todos los emplazamientos. La oposición de la pesca al desarrollo del parque Dieppe le Tréport fue mayor, debido a que en sus aguas había más actividad extractiva que en el de Noirmoutier.
La falta de trabajadores especializados es otro de los retos que plantean los proyectos de eólica como los que tiene en marcha Ocean Winds. «Es muy difícil encontrar trabajadores de electricidad y construcción civil que tengan la formación marítima», afirma Julien Voisine, responsable de construcción en el parque EMYN. Subraya, no obstante, las oportunidades que se abrieron para la industria naval, ya que armadores galos recibieron encargos para nuevas embarcaciones del sector. Un mercado que, según Hirt, también podría reportar «nuevas oportunidades» a Navantia por parte de Ocean Winds.